El tesoro líquido de Fuerteventura, el agua.

El majorero, el hambre y la miseria ha convivido durante siglos. La falta de agua les ha condicionado y les ha hecho huir a otros destinos que, en ocasiones, les cerraba las puertas o les enviaba agua en viejos correíllos para calmar la sed. La historia de Fuerteventura no se puede escribir sin tener el agua como uno de sus protagonistas.

La aridez que dibujo Unamuno en su diario de destierro no es más que una realidad con la que ha tenido que luchar el majorero y poner a prueba su ingenio para intentar hacer frente a la sequía. De esta manera, la gente de Fuerteventura ha excavado hasta las profundidades e la tierra en busca el preciado líquido a pesar de vivir rodeado de él.

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Pozo, maretas, aljibes, cualquier cosa valía como almacén en el que guardar el agua que caía del cielo. Y si no llovía había que buscarla en las profundidades del suelo con la ayuda de zahoríes convertidos en vistas en territorio insular.

La preocupación de los majoreros por conseguir agua se remonta a la antigüedad. Los mahos (aborígenes de la isla de Fuerteventura) idearon sistemas con los que sacar provecho a las lluvias. Recurrieron a fuentes y manantiales para calmar la sed y a ritos y ceremonias con las que pedir a sus divinidades agua en tiempos de sequía.

Los mahos escarbaron en barrancos y subieron hasta las montañas para reclamar a sus divinidades la llegada de lluvias. Una costumbre que tras la conquista continuó, pero esta vez convertida al cristianismo. Rogativas, novenarios, procesiones… cualquier cosa valía para que la Virgen de la Peña se acordara del pueblo y les mandara agua. Incluso llegando a amenazar a San Andrés, patrón de los labradores, si no se cumplía la vieja cabañuela.

Si ha llovido por San Andrés, buena señal es

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Ermita Virgen de la Peña. Fuente: cc by Tamara Kulikova, Wikimedia Commons.

La Fuerteventura que encontraron los conquistadores, a comienzos del siglo XV poseía una gran riqueza de recursos hídricos con fuentes y manantiales repartidos por distintos enclaves del territorio. A partir de la crónica normanda de la conquista “Le Canarien” podemos imaginarnos cómo era la isla antes de la llegada de los europeos:

 

… se hallan en cuatro o cinco puntos arroyos de agua dulce

 

corriente, capaces para mover molinos […]

 

[Le Canarien, 2003]

En el mismo texto, se describe la fertilidad y riqueza de agua en algunos territorios como el Valle de Río Palmas:

… y decidieron que fueren hasta un río que se llama Río de Palmas… y llegaron a su proximidad de noche y hallaron una fuente… Allí es tan fuerte la entrada, que parece milagro y no dura más quedos o tres lanzas de ancho… y se vieron obligados a quitarse el calzado par pasar sobre las piedras de mármol y eran tan lisas y resbaladizas, que sólo se podían mantener a cuatro pies… al otro lado se halla un valle hermoso y unido en que habrá unas 800 palmeras… con arroyos de agua que corren por un medio.

[Le Canarien, 2003]

Población, ganado y cultivos esperaban la llegada del milagro, pero éste a veces tardaba en llegar y no había otro camino que embarcarse y probar suerte lejos de su tierra. Algunos de los que decidieron quedarse o se vieron obligados a ello terminaron muriendo d hambre.

En tiempos de bonanza, ingenio y necesidad se unían para crear todo un sistema de aprovechamiento de agua que permitiera a una tierra seca dar frutos con los que alimentar a la población. Así, la Isla se llenó d gavias, nateros, cadenas y más tare de presas y charcas y en los campos empezaron a ondear los molinos americanos o a oírse el rugir de viejas Noris tiradas por camellos, aquellos animales que, al igual que el majorero, supieron acostumbrare a vivir en una isla seca.

 

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Bomba de agua, Betancuria. Fuente: CC by Benjamín Núñez González. Wikimedia Commons.

La agudeza de los majoreros continuó avanzando y a mediados del siglo XX, cundo otras islas eran para Fuerteventura auténticas cisternas de agua, ésta decidió potabilizar el agua salada con la que había vivido desde la antigüedad. Plantas potabilizadoras comenzaron a ocupar los terrenos de la isla y kilómetros de tubería empezaron a llegar hasta los lugares más recónditos del paisaje insular.

En pleno siglo XXI, el reto de las autoridades se centra en las energías renovables con las que producir agua y contribuir a paliar los estragos del cambio climático. Además de concienciar en el ahorro del consumo del agua en una época en la que la población crece a ritmos vertiginosos.

 

Bibliografía:
El agua [Fuerteventura]. Eloy Vera Sosa, 2011.

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